Leo a Silvia Plath. Estoy afuera, en el patio. Hay calor, calor de mayo, aún soportable. Calor con brisa. Leo un poema, Tulips, que me recuerda lo que sentí cuando me operaron. Esa entrega a un viaje, efecto de la anestesia, la blancura de todo, las voces que se van diluyendo, las enfermeras amables y frías. Ese irse. Esa ligereza de entregarse. Las sábanas frías, el silencio, el vacío: ¿qué sucedió mientras estuve anestesiado? Fueron horas de vida que perdí, porque dormir es distinto, es irse pero no del todo. La enfermera me dice: esa droga que te pusimos fue la misma que mató a Michael Jackson. No digo yo, pienso. ¡Qué viaje! Me gustaría volver a operarme, le digo. Y ella sonríe, de la manera fría y amable en la que las enfermeras saben hacerlo.
Pudiera llover esta noche sin fin, y el fin ser un eco que se desliza como una serpiente, pudieran suceder cosas increíbles, pudiéramos lograr luces desconocidas, masticar cada uno de los silencios que hemos guardado por siglos. Una mujer se desnuda, sale al balcón, abre su boca, se traga la brisa salada del océano. Yo la miro desde lejos y me masturbo. No es sexo, Dios lo sabe y no me castiga, Dios lo sabe, lo sabe ella, no es sexo, es un pacto antiguo, una melodía que nos persigue desde hace siglos, que se adhiere a nuestra piel, que llega hasta los huesos, que nos come la médula, vivimos en este tiempo sin tiempo, en este espacio sin espacio, en este tiempo sin espacio, en este espacio sin tiempo, vivimos en lo imposible (vulgar incongruencia repetida por los siglos de los siglos, amén). Pudiera llover esta noche. Pudiera llover sin fin. Una mujer desnuda sale al balcón. Dios nos bendice.
Se desnuda frente al espejo. El no está en casa. Hace días que no está. Hace meses que no está. Hace años que no está. Ella tiene deseos.
- Cría fama y acuéstate con mil.
- ¿Por qué nadie te para en el medio de la calle y te dice: “Pudiera darle una respuesta”?
- Amante, no hay cariño, se hace cariño al amar.
- Si me prestas atención, te la devuelvo con intereses.
- En mis ratos libres, soy esclavo de la creación.
- No soy aficionado a las opiniones profesionales.
- Estado civil: civilizado.
- Los libros de autoayuda solo ayudan a los que los escriben.
- Si los pintores son artistas plásticos, ¿los escritores son artistas de papel?
- Que tengas vergüenza ajena cuando debiera ser tuya.
- No, no tengo sentido del humor. Eso suena muy serio.
- Debieran inventar colorantes para las nubes.
- Ponerle GPS al tiempo para no perderlo
- Él: ¿Te cuesta tener un orgasmo? Ella: A mí no. A mis clientes, sí.
- La gravedad del asunto no le deja alzar la cabeza.
- Tu hilo conductor no debiera manejar borracho.
- Cómo hay lunáticos en la ciudad del sol.
- El objeto de la vida es volante y no ha sido identificado.
- Cae un pájaro. Rompe una nube. Yo siento lástima por los dos.
- Me iría para Siempre, pero no sé cómo llegar ahí.
- Al final del día lo único que importa es que empieza la noche.
- Lo malo de jugar con fuego no es que la quemada sea inevitable sino olvidar que la quemada es inevitable.
- El tiempo me ha dado la razón. ¿Y ahora qué hago yo con esa porquería?
- Las penas que a mí me matan son tontas y se atropellan.
- Aprenda a escribir leyendo. Curso intensivo de redacción. En la comodidad de su casa.
- Cría cuentos y se te secarán los ojos.
Cuando responder con un SÍ o un NO a una pregunta sería dar una respuesta incorrecta, usemos el Mu zen. Ni sí ni no. No es no el no, ni es sí el sí. El mu es la no respuesta, pero tampoco es la duda. Es, en verdad, la definición de lo indefinido o la indefinición de lo definido. Deshacer la pregunta. Deshacer la respuesta. Subirse al tren y quedarse en la estación mientras miramos cómo se queda atrás la estación desde la estación o cómo el tren se aleja cuando miramos afuera a través de la ventana del tren.





