El viaje

Posted: May 12, 2013 in cortos

969269_524096530980059_1247485303_n

Leo a Silvia Plath. Estoy afuera, en el patio. Hay calor, calor de mayo, aún soportable. Calor con brisa. Leo un poema, Tulips, que me recuerda lo que sentí cuando me operaron. Esa entrega a un viaje, efecto de la anestesia, la blancura de todo, las voces que se van diluyendo, las enfermeras amables y frías. Ese irse. Esa ligereza de entregarse. Las sábanas frías, el silencio, el vacío: ¿qué sucedió mientras estuve anestesiado? Fueron horas de vida que perdí, porque dormir es distinto, es irse pero no del todo. La enfermera me dice: esa droga que te pusimos fue la misma que mató a  Michael Jackson. No digo yo, pienso.  ¡Qué viaje! Me gustaría volver a operarme, le digo. Y ella sonríe, de la manera fría y amable en la que las enfermeras saben hacerlo.

Una mujer desnuda sale al balcón

Posted: May 11, 2013 in cortos

5286170395_a64a981982_z

Pudiera llover esta noche sin fin, y el fin ser un eco que se desliza como una serpiente, pudieran suceder cosas increíbles, pudiéramos lograr luces desconocidas, masticar cada uno de los silencios que hemos guardado por siglos. Una mujer se desnuda, sale al balcón, abre su boca, se traga la brisa salada del océano. Yo la miro desde lejos y me masturbo. No es sexo, Dios lo sabe y no me castiga, Dios lo sabe, lo sabe ella, no es sexo, es un pacto antiguo, una melodía que nos persigue desde hace siglos, que se adhiere a nuestra piel, que llega hasta los huesos, que nos come la médula, vivimos en este tiempo sin tiempo, en este espacio sin espacio, en este tiempo sin espacio, en este espacio sin tiempo, vivimos en lo imposible (vulgar incongruencia repetida por los siglos de los siglos, amén). Pudiera llover esta noche. Pudiera llover sin fin. Una mujer desnuda sale al balcón. Dios nos bendice.

Mujer frente al espejo

Posted: April 20, 2013 in relato

mujer frente al espejoSe desnuda frente al espejo. El no está en casa. Hace días que no está. Hace meses que no está. Hace años que no está. Ella tiene deseos.

La última vez que hizo el amor no fue con él, sino con alguien del trabajo, un muchacho recién llegado de Cuba, vulgar y tosco, pero joven, muy joven, y ella necesitaba sexo y él necesitaba sexo. Se metieron en el baño del trabajo, ella se desnudó completamente, él solo se bajó el zipper, ella le acarició el pene, lo besó, sintió que todo su cuerpo temblaba. Él la empujó contra la pared y la penetró con una intensidad que ella ya había olvidado. Fue algo rápido, furtivo, irrepetible. El muchacho pronto encontró otro trabajo mejor y no se volvieron a ver. Ella no olvidaba esa aventura. No porque fuera placentera (más bien fue torpe) sino porque había despertado en ella las ganas de masturbarse con la regularidad que lo hacía antes. Cuando era joven, se masturbaba dos y tres veces al día. Incluso en la universidad, lo hacía en plena clase. Se sentaba siempre al fondo, en un rincón y ahí jugaba con los dedos de la mano izquierda mientras que con la derecha tomaba notas. Llegó a desarrollar tal habilidad en estos menesteres que a veces ni siquiera necesitaba tocarse para tener un orgasmo. Creaba escenas disímiles en su mente (imaginación le sobraba puesto que también leía con voracidad todo lo que cayera en las manos): dos hombres, dos mujeres, una mujer y un hombre, una mujer… Si en la realidad era sumamente conservadora, en los vuelos de su imaginación no tenía límites. Una vez llegó a fantasear que un centauro la penetraba mientras una serpiente succionaba sus pezones. Cabía de todo en su mente (dicho de otra manera: lo que cabía en su mente, también cabía en su sexo).
Después, lo conoció a él. Un tipo inteligente, muy serio, dedicado por entero a su profesión. La parte conservadora de ella vio en él al hombre ideal. Su imaginación cedió a la racionalidad, se dio por vencida. Por años fueron tranquilamente felices. Ella encontró un trabajo en una oficina, no ganaba mucho (lo de ganar dinero se lo dejaba a él), pero al menos se entretenía siendo útil, contestando el teléfono, haciendo copias, almorzando con sus amigas del trabajo.
Hacían el amor cada dos meses, o en fechas especiales, como el fin de año. Un sexo frío pero que cumplía su función.
Después que tuvo el encuentro furtivo con el muchacho de su trabajo, reinició la vieja costumbre de masturbarse dos y tres veces al día. Una en la mañana, otra al mediodía y su preferida, al final del día, desnuda frente al espejo.
Ahora está así,  completamente desnuda, temblando, los dedos acariciando su clítoris, y es feliz, y no piensa en otra cosa que en un centauro, dos mujeres, una serpiente, y su mente vuela porque todo lo que cabe en ella, cabe en su sexo.

La máquina del tiempo

Posted: April 18, 2013 in cortos

Image

Abro la puerta y ahí está ella, sentada en el piso, mirando a la pared.  Me detengo. No sé qué decirle,  solo sé. Se masturba mirando la foto de cuando éramos jóvenes. Yo me coloco detrás de ella y le acaricio el cabello. No me mira. No me nota. Está perdida en otro tiempo, en otros brazos.

Chófer y pasajero

Posted: April 9, 2013 in cortos

Image

El creído creyente (chófer): ¡Dios me acaba de tomar una foto!

El realista realizado (pasajero): No, acaban de tomarte una foto para ponerte una multa de tráfico.

 

Los tweets de Maurice Sparks V

Posted: March 22, 2013 in Tweets

7df3h38zabcvjylnyfe3

  • Cría fama y acuéstate con mil.
  • ¿Por qué nadie te para en el medio de la calle y te dice: “Pudiera darle una respuesta”?
  • Amante, no hay cariño, se hace cariño al amar.
  • Si me prestas atención, te la devuelvo con intereses.
  • En mis ratos libres, soy esclavo de la creación.
  • No soy aficionado a las opiniones profesionales.
  • Estado civil: civilizado.
  • Los libros de autoayuda solo ayudan a los que los escriben.
  • Si los pintores son artistas plásticos, ¿los escritores son artistas de papel?
  • Que tengas vergüenza ajena cuando debiera ser tuya.
  • No, no tengo sentido del humor. Eso suena muy serio.
  • Debieran inventar colorantes para las nubes.
  • Ponerle GPS al tiempo para no perderlo
  • Él: ¿Te cuesta tener un orgasmo? Ella: A mí no. A mis clientes, sí.
  • La gravedad del asunto no le deja alzar la cabeza.
  • Tu hilo conductor no debiera manejar borracho.
  • Cómo hay lunáticos en la ciudad del sol.
  • El objeto de la vida es volante y no ha sido identificado.
  • Cae un pájaro. Rompe una nube. Yo siento lástima por los dos.
  • Me iría para Siempre, pero no sé cómo llegar ahí.
  • Al final del día lo único que importa es que empieza la noche.
  • Lo malo de jugar con fuego no es que la quemada sea inevitable sino olvidar que la quemada es inevitable.
  • El tiempo me ha dado la razón. ¿Y ahora qué hago yo con esa porquería?
  • Las penas que a mí me matan son tontas y se atropellan.
  • Aprenda a escribir leyendo. Curso intensivo de redacción. En la comodidad de su casa.
  • Cría cuentos y se te secarán los ojos.

Mu

Posted: March 19, 2013 in calistenia

muCuando responder con un SÍ o un NO a una pregunta sería dar una respuesta incorrecta, usemos el Mu zen. Ni sí ni no. No es no el no, ni es sí el sí. El mu es la no respuesta, pero tampoco es la duda. Es, en verdad, la definición de lo indefinido o la indefinición de lo definido. Deshacer la pregunta. Deshacer la respuesta. Subirse al tren y quedarse en la estación mientras miramos cómo se queda atrás la estación desde la estación o cómo el tren se aleja cuando miramos afuera a través de la ventana del tren.