Parto de lugares comunes hacia lugares inaccesibles. Allí planto una bandera y me siento a comer cáscaras de naranja. Son deliciosas. El zumo me hace llorar. Es bueno emocionarse así mientras uno come. El mar. Siempre disfruto el mar. Las rocas, las aves cuyo nombre desconozco. No me gusta saberlos. Es mejor no nombrar las cosas, solo verlas. A veces tocarlas. Una muchacha con un corto vestido azul me ha pedido que le haga una foto. Que no lo dejan en paz a uno. ¿No ves que estoy loco? Pero a las mujeres les gustan los tipos como yo, con cara de desquiciados, a punto de tirarse de un balcón y caer sobre el techo de un carro como en las películas. Hace rato no voy al cine. Es que todo me aburre. Las palomitas de maíz no saben a nada y eso que las baño en mantequilla y sal. Prefiero sentarme a observar mi gato. Es más interesante que mil películas. El sabor de las cáscaras de naranja, eso sí es vida, a veces las hiervo y hago un té delicioso. Ahora llueve y no sé qué hacer. La muchacha del vestido azul me sigue mirando. Me la imagino desnuda. Tiene bellas piernas. Espero que no sea escritora. Todas las mujeres que se me acercan dicen serlo. Ni que eso cambiara nada. Me voy a acostar con ellas de todas formas. Es que soy un loco sin fuerza de voluntad y en vez de tirarme de un balcón acabo tirándome encima del cuerpo de una mujer desnuda.
Comments

De acuerdo con el gato y las naranjas…Un gato es mil veces más entretenido que cualquier peli chapucera, y las palomitas de maíz saben a plástico. En cuanto a ese protagonista perseguido por escritoras…jejeje…eso me ha gustado muchísimo
Gracias, Tere.
Me morí de risa.
Ramón Alejandro.
Gracias! Me alegro que te haya gustado. Saludos.
[...] Los relatos de Maurice Sparks. [...]
me gusta, hasta aquí llega el hervor de las naranjas …
Qué bien,