LA LLUVIA

Posted: August 18, 2019 in corto, cortos

El hombre abrió la ventana y vio la lluvia. “Es algo natural”, dijo, y luego vio el viento. ¿Lo vio o lo escuchó? Entonces sus ojos cayeron en sus manos y los lanzó afuera, a fundirse con la lluvia.

“Palpo las gotas y escucho”, dijo. Luego dejó caer sus orejas y las imaginó flotando en la corriente. “Ya no llueve”, dijo el hombre, mientras el agua cubría todo su cuerpo. Al sentir que se ahogaba, dijo: “finalmente ha dejado de llover”.

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“Cuando me muera, yo no quiero un estrella en la Calle Ocho. Mi arrogancia no llega a tanto. Yo lo que quiero es que me incineren, y con el polvo hagan un adoquín y me pongan en la acera para seguir observando la vida desde abajo y ver cómo ustedes siguen botando gordas”.

EL ORIGEN

Posted: January 27, 2019 in corto, cortos
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El tiempo inventó su relojero”, nos dice Juan Gelman en un verso inteligente y memorable. Lo que me llevó a pensar que el tiempo no es invento del hombre sino al revés porque en el principio de los tiempos el tiempo se vio muy solo en el mundo sin nadie que viera o temiera su poder. De modo que tuvo que crear criaturas que lo midieran y se ajustaran a sus ritmos, reglas y condiciones. Y así el tiempo creó primero a Dios, luego al espacio y finalmente al hombre.

EUTEVIA

Posted: January 4, 2019 in calistenia

Anoche soné con una palabra que no está en el diccionario. Eutevia, que supuestamente significa saber algo sin saber que se sabe, es decir, un conocimiento inconsciente o algo así. Esta mañana busqué en Google y lo único que me salió fue una señora mayor que vive en Pensacola y que se llama así. La única explicación que encuentro a este sueño tan raro (y a otros que he tenido esta semana) es que desde hace unos días estoy tomando leche de soya. La soya es saludable para el cuerpo pero dañina para el cerebro.

DYSTOPIAN

Posted: January 4, 2019 in corto, cortos

“You spray the soil, not the leaves”, I tell you, as you water the seedlings in the pots by the window and we discuss dystopian literature. “My favorite dystopian novel is ‘Lord of the Flies’,” you say. I look at you and ask you if you would like some tea. “I’m adding sugar this time, just a bit.” You nod your head and inspect one of the pots.

“I agree. It’s a basic human story. Humanity at its core. It probably is the most universal dystopian novel,” I finally say as I heat up the water for the tea.

“Is it time to replant these seedlings? Are they ready to be planted outside in the garden?”

“I’m not sure. Will they survive?”, I reply and hand you a cup of warm tea.

“Let’s wait then. They’re safe inside. So many bugs out there.”

ESCRIBIR

Posted: December 22, 2018 in calistenia

Podemos escribir sobre cualquier cosa, pero escribir es seleccionar, fijar la vista en lo significante, buscar esencias en lo insignificante, jugar con el lenguaje, adorar sus ritmos, endiosar sus diabluras, eternizar lo efímero, efimerizar lo eterno (neologismo necesario). Abro una puerta y más allá del perfil de un rostro desconocido, encuentro una historia. He estado silente. He callado hasta el dolor. Pero no hay manera de olvidar mi canto, ni el silencio puede apagar (extinguir) sus ecos. He mirado sin paz la paz de los sepulcros. He sepultado la voz pero no el impulso. Es hora de ser segundo en lo primero. Elegantemente me reincorporo.

PATENTADO

Posted: December 1, 2018 in corto, cortos

Un día escritor inventó un verbo y decidió registrarlo en la Oficina de Patentes del Estado. Fue un proceso engorroso como todo lo relacionado con estos asuntos burocráticos donde se requieren formularios, firmas y el visto bueno de notarios y funcionarios públicos. Pero finalmente lo logró.

De ahí en adelante cada vez que alguien quería usar el verbo, tenía que pedirle autorización por escrito y por lo menos con dos meses de antelación, además de pagar una suma considerable. Con el tiempo el escritor dejó de escribir ya que se acostumbró a vivir del verbo que había patentado.

Hasta que un día el verbo cayó en desuso cuando la Real Academia lo consideró un barbarismo anticuado. Entonces el escritor trató de inventar uno nuevo pero ya no sabía cómo. Además, tenía competencia. Otros escritores le habían cogido el gusto a eso de vivir de verbos patentados. Después de pasar años en la más oscura insignificancia, se le ocurrió una brillante idea: trabajar en la Oficina de Patentes del Estado.