BertoltLeyendo una reseña sobre el poemario más reciente de Gustavo Pérez Firmat, “Viejo Verde”, descubro que Bertolt Brecht había escrito un libro de cuentos breves titulado “Las historias de Mr. Keuner”. Ni corto ni perezoso (aunque me han acusado de ser ambas cosas: corto por lo de breve, aclaro, que después hablan cosas malas las malas lenguas), busco el libro en la internet. Primero busqué el PDF gratis para poder leerlo en el Kindle, una obsesión mía reciente, pero eso es harina de otro costal. Al no encontrarlo, busqué en Amazon, es decir, ese universo donde está todo, incluso Dios, y ahí encontré el libro. Cuando llega el ejemplar, me doy cuenta que había pertenecido a la biblioteca de una universidad de New York, St. John Fisher College, que según tengo entendido es un liberal arts college. Mordido por la curiosidad, busco el catálogo de la biblioteca de St. John Fisher College y en efecto ya no tienen el libro. Abrumado por un coraje de madre (y una clase de cargo de conciencia), me pregunto qué hubiera hecho el señor Brecht ante tal dilema. Entonces abro el libro y me encuentro lo siguiente: “Quien posee el conocimiento no debe luchar o decir la verdad…Quien posee el conocimiento tiene una solo virtud: la del conocimiento”. Entonces ni corto ni perezoso, le arranco la etiqueta que marca al libro y lo identifica como propiedad del St. John Fisher College y me pongo a leerlo.

EN UN MCDONALD’S

Posted: October 25, 2019 in Crónicas

Entro a un McDonald’s. Tengo deseos de comer un hash brown acompañado de un vaso de leche. Me siento como un traidor a la causa de la buena salud. Hoy no hay escuela y el lugar está lleno de niños con sus abuelos. Veo a un joven sentado en una esquina. Lleva ropas sucias. A su lado derecho, apoyada en la pared, una vara de pescar. Parece homeless. Un abuelo con su nieto se le acerca. Hablan algo y se acercan a la cajera. El abuelo le compra un desayuno al joven, se despide de él y sale del local con una sonrisa en su rostro. De la mano lleva a su nieto, que también sonríe.

ESCUCHADO EN EL DOWNTOWN

Posted: September 11, 2019 in Crónicas

– ¿Has visto cómo ha ido cambiando el downtown con todos estos edificios nuevos?

– Sí, pero lo malo es que todavía hay homeless.

– Pero, bueno, este es su hábitat. Nosotros hemos venido a desplazarlos, son como esos pájaros que aún se posan en los árboles de un Walmart recién construido en los suburbios.

SELFLESS FISHING

Posted: August 31, 2019 in Poemas

I’m going to fish her for you
And place her in your mouth.
Knee-deep in the river, fishing rod in one hand,
Firmly stepping on the mud, undisturbed by the stream,
I will stand like a dead tree, eyes like a hawk, waiting,
Waiting for her to be drawn to the bait like scrap to a magnet,
Like silence to desolation, like a magician to illusion.
I will fish her for you, and place her slowly in your mouth,
And watch you devour her, piece by piece,
And then throw her back into the world,
Renewed and reborn, released and reshaped,
Swimming back into the river, a water creature
Forever floating in the current.

LA LLUVIA

Posted: August 18, 2019 in corto, cortos

El hombre abrió la ventana y vio la lluvia. “Es algo natural”, dijo, y luego vio el viento. ¿Lo vio o lo escuchó? Entonces sus ojos cayeron en sus manos y los lanzó afuera, a fundirse con la lluvia.

“Palpo las gotas y escucho”, dijo. Luego dejó caer sus orejas y las imaginó flotando en la corriente. “Ya no llueve”, dijo el hombre, mientras el agua cubría todo su cuerpo. Al sentir que se ahogaba, dijo: “finalmente ha dejado de llover”.

“Cuando me muera, yo no quiero un estrella en la Calle Ocho. Mi arrogancia no llega a tanto. Yo lo que quiero es que me incineren, y con el polvo hagan un adoquín y me pongan en la acera para seguir observando la vida desde abajo y ver cómo ustedes siguen botando gordas”.

EL ORIGEN

Posted: January 27, 2019 in corto, cortos
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El tiempo inventó su relojero”, nos dice Juan Gelman en un verso inteligente y memorable. Lo que me llevó a pensar que el tiempo no es invento del hombre sino al revés porque en el principio de los tiempos el tiempo se vio muy solo en el mundo sin nadie que viera o temiera su poder. De modo que tuvo que crear criaturas que lo midieran y se ajustaran a sus ritmos, reglas y condiciones. Y así el tiempo creó primero a Dios, luego al espacio y finalmente al hombre.