Archive for the ‘cortos’ Category

En la mano derecha, dos papas. En la izquierda, una lata de sopa. Se aproxima a la cajera y empieza a hablarle. Es alto, más bien delgado, canoso, pudiera tener unos ochenta años, pero habla rápido, con mucha energía. La cajera lo escucha mientras escanea sus dos productos. Él le alcanza su tarjeta de sellos de alimentos y le dice que tendrá quizás unos 8 dólares ahí, que eso debe alcanzar. Luego levanta la voz y dice:  “Mi primera patria en este país fue Hialeah. Mi segunda, la Pequeña Habana. Este país me salvo la vida. Yo la verdad es que ya estoy muy viejo y nada me apura. Mejor que lleguen otros primero. Total, si ya no hay nada para mí”.

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EL DUEÑO DE LA LICORERÍA

Posted: January 3, 2018 in corto, cortos, Uncategorized

Ya no puedo tomar, me lo ha prohibido el médico, voy al Jackson, no tengo seguro, ahí pago una miseria y me atienden, los amigos piensan que este negocio deja mucho y no es cierto, apenas gano para pagar la renta, duermo en el cuarto de atrás, tengo espacio para una cama y un baño, nunca cocino, le compro comida a Zenaida, la señora que le da de comer al homeless de la esquina, es un alma de dios, ella, no el homeless, ese es un desvergonzado que se pone a orinar delante de todo el mundo, dice unas frases incoherentes que yo no entiendo, el asunto es que aquí la clientela es muy pobre y no compra mucho, ayer mismo vino un señor mayor con unas orejas enormes que hablaba muy alto y me compró una botella de whiskey del más barato, andaba con un hombre más joven que se mantuvo callado todo el tiempo, el asunto es que se sentaron allá afuera en el piso a hablar mierda, de libros y esas cosas, y esos son mis clientes, gente que gana apenas para comer y de vez en cuando darse un trago, y hablar mierda, eso sí, para eso tienen el uno, hay uno ahí que le dicen el bicicleta porque siempre anda en pedales, el tipo compra aguardiente y habla con una voz ronca de esas que te molestan y te dan ganas de mandarlo a callar, pero no me puedo fajar con los pocos clientes que tengo, me iba mejor cuando tenía el supermercado, era pequeño, es cierto, pero hacía buena plata porque era lo único que había por esa zona, después hicieron un supermercado Walmart y tuve que cerrar el mío, con esos precios no hay quien compita, claro, es el capitalismo, yo no me quejo, a mí me gusta así aunque me jodan porque va y un día me toca a mí joder, yo sigo soñando con ser dueño de una cadena de supermercados como Publix donde comprar es un placer y tumbar a Walmart ese, que se mete en todos lados y acaba, hoy quisiera emborracharme y sentarme allá afuera con todos esos borrachos y hablar tanta mierda como ellos porque llevo días sin dormir, preocupado por lo bajas que están las ventas este mes, lo más probable es que no me alcance para el alquiler, pero no importa, yo tengo un dinerito guardado ahí para eventualidades, bueno, en realidad lo tenía guardado para ir a Honduras a casarme, tengo una novia por allá, nos conocimos aquí pero la deportaron hace un año y yo prometí que iría a buscarla, casarnos primero, claro, y después traerla para acá, a ella y a sus dos hijos pequeños, ahí sí voy a tener que trabajar duro para alimentar tantas bocas, pero oiga, va y me pongo de suerte y el negocio levanta y abro un supermercado y acabo con el Walmart ese que jode a todo el mundo.

EL HOMELESS DE LA ESQUINA

Posted: January 3, 2018 in corto, cortos

Son inapreciables las secuencias del flujo, me dice el homeless de la esquina. Esa es su frase del día. Todas las mañanas crea una nueva y se pasa el día repitiéndola, cambiando la entonación, el orden de las palabras. Del flujo, secuencias son, inapreciables, dice ahora mientras acomoda un periódico en el césped para acostarse a tomar el sol. Apoya su cabeza en un diccionario Larousse y en un tomo del Book of Knowledge. Una señora mayor le trae comida todas las tardes y él le agradece el gesto repitiendo la frase del día en un tono suave, casi romántico. Ella lo mira y sonríe y dice estás más loco que una cabra, cómete la comida que se te va a enfriar. Él asiente con la cabeza y se pone a comer muy lentamente, como si no tuviera hambre y sólo comiera para hacerla feliz. Luego ella se marcha y él la sigue con la vista y dice: Son del flujo, secuencias inapreciables.

EL MAESTRO

Posted: January 2, 2018 in corto, cortos

El maestro vino a enseñarme a escribir. Dice que debo aprender ciertas cosas, que soy un niño de tetas, que debo dejar de escribir minirrelatos, que ya es hora de meterme en aguas más profundas. Viene de lejos, montado en una patineta, es un hombre muy viejo con unas orejas enormes, es cubano o dice serlo. “Don’t tell us we are not Cuban”, reza una campaña publicitaria de Bacardí, como si alguien supiera a estar alturas qué es ser cubano. Yo sí sé, me dice. El maestro quiere que escriba de Cuba, de cuando era pequeño, que narre las desventuras de crecer en el socialismo real, el divorcio de mis padres, los traumas de la niñez, el exilio, la familia desmembrada, la muerte de mi madre. El maestro tiene razón, pero yo soy un cobarde, los cobardes no pueden ser nunca buenos escritores, me dice. Y tiene razón. Me pide un trago de whiskey. Le digo que no tengo. He ahí tu problema. Un narrador que se respete siempre tiene whiskey en su casa. Le digo que lo mío es la cerveza y el vino. Claro, eso lo explica todo, me responde. Salimos entonces a la licorería de la esquina a comprar una botella. Este barrio es bueno, aquí hay muchas historias, abre las orejas, las mías me han ido creciendo con el tiempo, de tanto escuchar, no creas que las heredé de mis padres. Habla muy alto, casi a gritos, se mete las manos en los bolsillos y saca un billete de veinte dólares y me dice que ponga el resto. Compramos el whiskey y nos sentamos en el piso a beber. Aquí parecemos un par de homeless, nadie nos va a molestar, vamos a tomarnos el whiskey y después nos vamos por ahí a caminar por la Ocho, a escuchar. Se queda en silencio un rato, como perdido en la distancia, en algún recuerdo, entonces saca del bolsillo del pantalón una gastada libreta de apuntes y se pone a escribir con un lápiz, me ignora completamente cuando le pregunto qué escribe, es como si se hubiese desvanecido el mundo a su alrededor, me levanto del piso, agarro la botella de whiskey y regreso a casa mientras él sigue escribiendo. Una semana más tarde regresa con una botella de ron y una historia titulada “Por favor, no me digan que no soy cubano”.

EL BURÓCRATA

Posted: November 14, 2017 in corto, cortos, Uncategorized

Para evitar ansiedades innecesarias, el burócrata se prepara un tilo en el trabajo. Calienta bien el agua, deposita el paquete de té en el vaso y espera. En eso nota que ha dejado el tubo de Preparation H para las hemorroides encima del buró y que alguien se acerca a su oficina. Con rapidez de lince acomplejado, guarda el medicamento en la gaveta, pero sin querer golpea el vaso de té caliente que se derrama en su mano derecha y en los pantalones. De modo que cuando entra la visitante a su oficina, lo encuentra dando saltos como un loco y moviendo su mano derecha de arriba abajo mientras intenta secarse los pantalones.  Entonces el burócrata comprende que no hay mucho que hacer y pregunta: “¿conoces algún remedio casero para las hemorroides”?

¡BLAKE, BLAKE!

Posted: November 12, 2017 in corto, cortos

Blake es un tigre saltando en una escalera de auxilio de un viejo edificio de apartamentos en Centro Habana. Tómese un buche de alcohol, maestro, le dice el calesero de turno y en el bar de la esquina, Chucho coloca una moneda en la victrola para escuchar su bolero favorito mientras se toma el que promete será el último trago de la noche. Blake sigue saltando, escaleras arriba, como asustado y huyendo de unas llamas invisibles, sucumbiendo a la simetría sumisa de aquella sinuosa escalera. Te cambio un gato por dos perros, le dice un niño con orejas de elefante que lleva una caja sobre la cabeza y un pirulí en el bolsillo de su camisa blanca de rayas azules. Blake apresura su paso y llega a la azotea. Desde allí puede divisar toda la bahía, incluyendo el Morro, el Paseo del Prado y parte del malecón. En el bar Chucho escucha las notas finales de su bolero favorito. Recoge su sombrilla, se ajusta el saco y el sombrero y se dispone a emprender el camino de regreso a casa cuando ve a un hombre muy pálido con ojos de tigre abrazado a una escalera de caracol sobre la que parece flotar como si hombre y escalera se hubieran fundido convirtiéndose en un inmenso pájaro. William, William, le grita, pero el hombre no lo escucha y sigue flotando allá arriba hasta que finalmente se aleja tanto que es apenas visible.

TRANSFORMACIÓN

Posted: November 12, 2017 in corto, cortos

22852926_1621527044570330_4726105627966490503_nFranz Kafka ha venido a sentarse en la sala de mi apartamento de la Pequeña Habana y ha pedido una taza de café cubano. Eso es imposible, le digo, es un proceso, una metamorfosis a través de la cual el café cultivado en Colombia llega a transformarse (una palabra que le gusta más a él que esa terrible que escogieron al traducir su Die Vermandlung , así que espero que el gusto lleve al entendimiento) en café cubano. Kafka se lleva las manos a la cabeza y me pide entonces que ponga un disco de Bola de Nieve y sonríe al notar el contraste entre la foto del compositor en la portada del disco y su nombre. De pronto se sienta en una esquina a esperar el café y va despareciendo hasta convertirse en aire. Lo respiro y entonces me siento a escribir este cuento, taza en mano, mientras Bola canta “Chivo que rompe tambó”, y una molécula de oxígeno se transforma en una historia que rueda sin parar desde lo alto de una montaña llamada Kilimanjaro donde antes fue la piel de un leopardo.