Hoy, mientras Chienfa y yo estábamos sentados muy tranquilos comiendo ostras en un restaurante de la Calle Ocho, notamos cierta conmoción a un par de pasos de nuestra mesa, que a propósito estaba afuera, en la acera. Observamos a una pareja de turistas asiáticos moviéndose de un lado a otro y mirando para arriba. Al principio no entendíamos muy bien qué había sucedido hasta que notamos que el hombre tenía mierda de pájaro en los espejuelos, la camisa y el short. Enseguida le ofrecí mi servilleta de tela para que se limpiara. La mujer lo ayudaba pero se reía a la vez. Yo miré al hombre y le dije: “Welcome to Little Havana.” No sé si hablaba inglés o no pero el tipo me miró con cara de pocos amigos. Por si o por no agregué: “What just happened to you is considered good luck in our culture.” La mujer no paraba de reírse.

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EN LA BARBERÍA DEL BARRIO

Posted: December 18, 2017 in Crónicas, Uncategorized

El barbero le explica a su cliente, que al parecer acaba de llegar a los Estados Unidos, ciertas cuestiones financieras. “Aquí en este país no se puede comprar cosas con mucho cash sin que te llamen al IRS. Los bancos son bien pesados también. Te apareces con 50 mil dólares en un dealer a comprar un carro y vas directo pa la cárcel”.

Le explica cómo los reggaetoneros boricuas lavan el dinero. “Viajan en grupos y cada uno lleva menos de diez mil dólares consigo, que es la suma máxima con la que se puede viajar. Te recomiendo que abras una cuenta de banco y guardes tu dinero ahí. No hagas como los regaeetoneros que terminan todos en la cárcel por tramposos.

Cuando vayas de tragos ve caminando. Porque si te cogen borracho en el timón, te meten un DIU de esos y puedes ir hasta preso. Hoy yo voy al bar de las putas y voy a pie. Ahora, no me preguntes dónde está porque esta información es confidencial. Yo no quiero juego con mis putas”.

Fría mañana de domingo

Posted: December 10, 2017 in Notas

Mañana fría de domingo en Miami. Abro las ventanas para que entre el aire contaminado, pero fresco, de la calle y apago el ahora innecesario acondicionante aire acondicionado. Friego unas copas de vino y me hago un café. Leo “La Virgen de los sicarios”, de Fernando Vallejo. Me digo que tengo que escribir, que debo sentarme a hacerlo, obligarme a hacerlo, que no hay que pensar tanto las cosas y echarle ganas al asunto. There’s nothing to it. Just sit and do it. Una frase me viene a la mente, que es como una orden de Van Gogh y Hemingway a la vez: escribe con los colores. What’s that supposed to mean? No hay manera de armar una historia con esa frase. Me levanto y escribo un cheque.

EL BURÓCRATA

Posted: November 14, 2017 in corto, cortos, Uncategorized

Para evitar ansiedades innecesarias, el burócrata se prepara un tilo en el trabajo. Calienta bien el agua, deposita el paquete de té en el vaso y espera. En eso nota que ha dejado el tubo de Preparation H para las hemorroides encima del buró y que alguien se acerca a su oficina. Con rapidez de lince acomplejado, guarda el medicamento en la gaveta, pero sin querer golpea el vaso de té caliente que se derrama en su mano derecha y en los pantalones. De modo que cuando entra la visitante a su oficina, lo encuentra dando saltos como un loco y moviendo su mano derecha de arriba abajo mientras intenta secarse los pantalones.  Entonces el burócrata comprende que no hay mucho que hacer y pregunta: “¿conoces algún remedio casero para las hemorroides”?

¡BLAKE, BLAKE!

Posted: November 12, 2017 in corto, cortos

Blake es un tigre saltando en una escalera de auxilio de un viejo edificio de apartamentos en Centro Habana. Tómese un buche de alcohol, maestro, le dice el calesero de turno y en el bar de la esquina, Chucho coloca una moneda en la victrola para escuchar su bolero favorito mientras se toma el que promete será el último trago de la noche. Blake sigue saltando, escaleras arriba, como asustado y huyendo de unas llamas invisibles, sucumbiendo a la simetría sumisa de aquella sinuosa escalera. Te cambio un gato por dos perros, le dice un niño con orejas de elefante que lleva una caja sobre la cabeza y un pirulí en el bolsillo de su camisa blanca de rayas azules. Blake apresura su paso y llega a la azotea. Desde allí puede divisar toda la bahía, incluyendo el Morro, el Paseo del Prado y parte del malecón. En el bar Chucho escucha las notas finales de su bolero favorito. Recoge su sombrilla, se ajusta el saco y el sombrero y se dispone a emprender el camino de regreso a casa cuando ve a un hombre muy pálido con ojos de tigre abrazado a una escalera de caracol sobre la que parece flotar como si hombre y escalera se hubieran fundido convirtiéndose en un inmenso pájaro. William, William, le grita, pero el hombre no lo escucha y sigue flotando allá arriba hasta que finalmente se aleja tanto que es apenas visible.

TRANSFORMACIÓN

Posted: November 12, 2017 in corto, cortos

22852926_1621527044570330_4726105627966490503_nFranz Kafka ha venido a sentarse en la sala de mi apartamento de la Pequeña Habana y ha pedido una taza de café cubano. Eso es imposible, le digo, es un proceso, una metamorfosis a través de la cual el café cultivado en Colombia llega a transformarse (una palabra que le gusta más a él que esa terrible que escogieron al traducir su Die Vermandlung , así que espero que el gusto lleve al entendimiento) en café cubano. Kafka se lleva las manos a la cabeza y me pide entonces que ponga un disco de Bola de Nieve y sonríe al notar el contraste entre la foto del compositor en la portada del disco y su nombre. De pronto se sienta en una esquina a esperar el café y va despareciendo hasta convertirse en aire. Lo respiro y entonces me siento a escribir este cuento, taza en mano, mientras Bola canta “Chivo que rompe tambó”, y una molécula de oxígeno se transforma en una historia que rueda sin parar desde lo alto de una montaña llamada Kilimanjaro donde antes fue la piel de un leopardo.

LAS VÍCTIMAS

Posted: November 11, 2017 in Uncategorized

Alguna culpa han de tener las víctimas. Algún peso que explique por qué se hunden. La sal de los océanos que cruzan las abrazan. El aliento de la muerte las recibe en las junglas. Alguna culpa han de tener las victimas. Algún deseo indescifrable de sucumbir. Ya nadie las escucha, nadie las escuchó jamás: cabalgan solas a través del silencio entonando cantos desafinados, sumidas en grises tragicomedias. Alguna culpa han de tener las víctimas, dicen a coro los victimarios.